
Al final, en realidad, sólo te queda tirar de biblioteca empírica, respirar hondo, llenar tus pulmones de aire y armarte de paciencia. Si una semana todo se vuelve contra ti, está demostrado que no compensa enfadarse con todo el mundo. Al igual que, puede ser que por un casual, la configuración espacial se ordene y en una semana crucial de tu vida, debas dar un paso más y alejarte de determinadas situaciones que desde su principio ya no te gustaban. Así que, puedes gritar, puedes encapricharte, incluso puedes dejar de respirar... y sin darte cuenta, sin decidirlo, puede que las cosas cambien... o no.
Y cuando esto pase, no puedes pretender que nadie te apoye, consuele o comprenda, porque al final, tu opinión subjetiva no tiene por qué ser respaldada. Porque en realidad, nuestros límites se sitúan en una escala vivencial que varía con la acumulación de los días, y yo no he de justificar cómo, cuándo y dónde alcanzo o no mi línea.
Por eso prefiero escuchar a los demás, simplemente para observar situaciones que quizás en algún momento se te puedan presentar a ti, y quizás entonces te acordarás de la experiencia tangencial de aquel compañero y eso te ayudará a encaminar una nueva situación. Porque si al “profesional” que me exculpa no le parece necesario reprenderme ni enseñarme, deberá ser mi propia conciencia la que busque la forma de no tener que tropezar 87 veces en la misma piedra.
Intenta no confesarte del mismo pecado dos veces y eso te hará crecer como persona… y estas no son palabras que haya escuchado en el seno católico.
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