
Este año, ha sido un año duro. Hay gente que se ha ido de nuestras vidas, gente que ha pasado y gente a la que hemos echado de nuestro lado. Gente que era de una forma y que descubrimos que no era de otra. Gente que pensamos que aguantaría, y se ha ido, como todos. Se han cerrado muchas puertas, para abrirse algunas ventanas. Hemos aprendido a aguantar, pero no a esquivar. Hemos aprendido a callar, pero no a defendernos. Hemos aprendido a retroceder cuando nos atacaban, pero no a enfrentarnos. Este año, hemos aprendido todo lo que en un tiempo nos prometimos que no haríamos, porque no queríamos ser como esos seres que se hacen llamar "personas". Este año la vida nos ha enseñado que no huele a jazmín, que su tacto no es aterciopelado y que su brillo no es el de una mañana de rocío.
Este año se cierra sin sentimientos. No hay miedo, no hay rabia, no hay dolor. No hay amor, no hay alegría, no hay ganas. Este año no pediremos ningún deseo al tomar las uvas, porque los deseos, sueños son.